Kenya tenía 9 años cuando huyendo de la violencia sistemática que sufría en casa conoció el mundo transexual, la prostitución, las drogas y el VIH. Su vida siempre en riesgo por abusos sexuales, físicos e institucionales. Hoy es activista, defensora de los derechos humanos de las mujeres trans.
Kenya enfrentó pobreza y violencia estructural en casa. La ausencia de ambos padres le llevó a junto con sus cinco hermanos quedar bajo la tutela de su abuela materna. Con disforia de género desde su niñez (nació con cuerpo de niño, pero pensaba y actuaba como niña), a bofetadas sus hermanos intentaban ‘corregirle’ sus comportamientos.
Tenía 9 años de edad cuando su abuela materna murió. La violencia en casa se recrudeció, sus hermanos mayores la maltrataban así que decidió salir de casa, analfabeta, sin documentos y sin dinero. Ese día terminó triste y sola, sentada en la zona de la Alameda en CDMX. Al anochecer vio la silueta de una mujer trans, se sorprendió y entendió que siendo biológicamente masculino, sí podía ser femenina. Al vivir en la calle, entró al mundo de la prostitución y la drogadicción. A los 13 años fue diagnosticada con VIH.
Sumida en el consumo de todo tipo de drogas transcurrió su infancia y adolescencia. Era veinteañera cuando fue acusada falsamente de narcotráfico y terminó en prisión donde siguieron los abusos, sobre todo por ser mujer trans en penales masculinos.
Tras una década presa quedó en libertad. Volvió al único mundo que conocía para sobrevivir, la prostitución. La noche del 30 de septiembre del 2016, fue testigo presencial del asesinato de su amiga Paola. Con valentía ayudó a detener al asesino, pero al entregarlo a la Policía, junto con las pruebas videograbadas, a él lo dejaron en libertad y ella sufrió amenazas de muerte.
Harta de la injusticia y la criminalización de mujeres trans (al ver morir a más de 200 personas en sus brazos), en su interior se alimentó una fuerza inquebrantable, encontró su misión: luchar contra la transfobia y abogar por sus derechos humanos.
Ella logró que se tipificara el delito de transfeminicidio y nos explica: “Se buscó la definición de trans-feminicidio como una forma diferenciada, no privilegiada, di-fe-ren-ciada (sic) para entender la problemática, los entornos y sobre todo las condiciones de odio con las cuales nos matan… El reconocimiento de la familia social debe ser una figura jurídica para poder recuperar los cuerpos o llevar la representación en las carpetas de investigación”.
Fundó la Asociación Civil Casa de las Muñecas Tiresias y la Casa Hogar Paola Buenrostro (en memoria de su amiga), es la primera en su tipo en América Latina. Su historia de vida está narrada en el libro La Casa de las Muñecas y ya trabaja en un segundo libro en el que plasmará sus vivencias tras las rejas.
Se intenta también implementar en todo el país, protocolos de búsqueda homologados, especial para personas trans y no binarias porque “las madres buscan hijos e hijas, pero yo no veo fichas que digan hijo o hija trans, ¡también a nosotras nos desaparecen! Estamos haciendo este protocolo para que desde los indicios óseos o de expresión se puedan identificar, en fosas clandestinas o donde encontremos estos restos. También el primer manual de Identificación forense para personas trans y no binarias, para que los peritos desde que llegan a un lugar de hechos y que recojan el cadáver sepan identificar la expresión en vida que tenía la persona y de ahí empezar a reconocerle en toda la carpeta de investigación”.
A la par, Kenya mantiene su lucha para que las infancias trans sean reconocidas y acompañadas garantizando que se les permita “el libre desarrollo de la personalidad, que se puedan identificar como ellas, ellos, elles… Buscamos que niñas, niños y jóvenes puedan ser libres para identificarse. Ya los procesos individuales que quieran, puedan ser acompañados, claro que es importante y más por tu red de apoyo que es tu familia. (De lo contrario) que haya protocolos de acompañamiento, atención, actuación y protección”.
Los albergues en México para hombres y mujeres existen, desafortunadamente en el caso de las personas que viven transiciones de identidad no hay espacios de protección.
“Soy la única persona en el país que tiene un albergue para mujeres trans específicamente y que la interseccionalidad de los temas se vive con acompañamiento. Las chicas viven muchas violencias con mujeres y hombres, este espacio ha sido seguro para poderse desarrollar, adaptase, tener herramientas para defenderse en la vida, profesionalizarse. Desde esa mirada poder insertarlas en la sociedad de una manera congruente y eficaz. Sin embargo, el Estado no le quiere apostar”, añade.
No se tienen ni siquiera diagnósticos para implementar metodologías que protejan a este sector poblacional y en vulnerabilidad. “Desde la Casa Hogar Paola Buenrostro hemos aprendido mucho en el camino, si siendo mujer trans y conociendo a mi población fueron retos, imagínate una población cisgénero que no conoce nada de la diversidad, mucho menos de las transiciones que quieran atender metodología de intervención, va a llegar la criminalización, la discriminación y se va a argumentar el ‘¡Ay, perdón, yo no sé!’”.
“La discriminación es en cualquier nivel y la sociedad debería estar creando estrategias de equidad, para que las personas entendamos qué es la diversidad. Sí hay que apostarle, el rezago para el respeto de los derechos humanos de las personas trans es horrible. Imagínate, salud integral, no hay educación, vivienda, programas sociales, vida digna, pues ni siquiera van a implementar un albergue para estas poblaciones”.
Hoy como activista Kenya Cuevas ha salvado la vida de muchas mujeres trans. Su dolor se volvió fuerza y transformación de vidas para que todas las personas tengan dignidad y paz. Su mayor venganza a los múltiples abusos y violaciones a sus derechos será: ser felices.
@adrianaluna.periodista #Periodismo ¿Qué hacer si tu #hijo, #hija, te dice que es hije? #KenyaCuevas activista #lgtbq🏳️🌈 ♬ AGRADECIDO POR LA VIDA MIA - DJKEI
Texto y fotos: Adriana Luna

















