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Mirna, la ingeniera que construye puente generacional

A la veracruzana Mirna le encantaba curiosear los libros de ingeniería que pertenecían a su padre, no les entendía, pero sabía que transformaban entornos y vidas. Jamás se imaginó que sería la primera presidenta del Colegio de Ingenieros Civiles de Jalisco.

A la veracruzana Mirna le encantaba curiosear los libros de ingeniería que pertenecían a su padre, no les entendía, pero sabía que transformaban entornos y vidas. Jamás se imaginó que sería la primera presidenta del Colegio de Ingenieros Civiles de Jalisco.

En Coatzacoalcos, Veracruz, Mirna veía transformar la selva, en caminos para que las personas pudieran trasladarse de un sitio a otro:

“Mi papá era caminero. Me gustaba desde chiquita irme con él, ver el poder transformador de la ingeniería. Empezaba yendo a una parte que era selva, en Veracruz la vegetación es muy densa, entonces de repente, las siguientes semanas, veía un camino trazado, una carretera y después un puente que unía a dos comunidades que estaban completamente alejadas”, recuerda.

Tendría unos cinco años de edad, se sumergía en las páginas de los libros de papá y entre sus planos: “para mí esa experiencia siempre fue muy bonita, crecí entre libros que no entendía. Me gustaba mucho, era muy metiche (ríe), me metía al lugar de mi papá para abrir esos libros de hidráulica, de geotecnia, de estructuras, de puentes. Y lo veía haciendo todo su trabajo. La verdad siempre quise ser ingeniera civil, no hubo como una alternativa, este nunca tuve opción B”.

Al ver cómo le apasionaba la profesión, su padre comenzó a negarle ir a las obras argumentando que era “muy preguntona, yo creo que lo cansaba todo el día”, ríe. Cuando le informó a su padre que entraría a la universidad, él le dijo: “Te sigo ayudando con tus estudios, siempre y cuando no sea ingeniería civil”. Él mismo le explicó que no quería que sufriera discriminación, que no corriera riesgos porque era un mundo masculinizado.

Mirna en el año 2003 decidió estudiar en la Universidad de Guadalajara, así que dejó a su familia en Veracruz e hizo trámites para estudiar urbanismo; sin embargo, después decidió cambiarse a ingeniería civil.

“Me quería dedicar a algo que me apasionara, que realmente le tuviera amor a lo que hiciera. Entré a Ingeniería Civil y a partir de ahí (volvió) esta emoción que sentía de niña. Vas cumpliendo tus sueños. Ahí empiezo a ver que el agua era un elemento importantísimo en todo, cuando hablábamos de ciudad”.

Inevitablemente recordó las palabras de su padre porque en el sector hídrico había en su mayoría varones, mucho más grandes de edad que ella, un círculo muy cerrado.

“De por sí, la carrera en Ingeniería Civil era cerrada para las mujeres, el sector Agua todavía más cerrado… Él (su padre) no quería que yo me expusiera, no quería que sufriera. Sí, me pasaron muchísimas cosas, todo lo que mi papá veía, pues sí lo viví. Pero yo decía: eso no puede determinar lo que yo quiero hacer. O sea, yo me quiero dedicar a la ingeniería porque me gusta, porque me apasiona, y pues, también quiero defender esa parte».

Ella sabía que sólo con ardua preparación podría quebrar esa roca dura e insertarse en el mundo que le apasionaba, así que al concluir la ingeniería comenzó con una especialidad en hidráulica urbana, otra en geología aplicada a minería y posteriormente una maestría en hidráulica.

“Siempre sentía que hacía falta conectar. La parte técnica siempre es muy definida, especializada, pero cuando hablas de llevar esos grandes proyectos a la vida real, hay un componente que a nosotros las ingenieras e ingenieros nos cuesta mucho trabajo, que es la parte de la dimensión social. Es cuando decido entrar a la Maestría de Gestión Integral de los Recursos Hídricos en el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua”.

Desde entonces, Mirna a todos sus proyectos inyecta sensibilidad, viendo las necesidades de la gente con dimensión a corto y largo plazo, la realidad territorial y cómo cada proyecto con empatía transforma los pueblos y a las personas.

“¿Quieres tratar un cáncer con una aspirina? ¡Va a ser imposible! Entonces, si lo trasladamos al tema de ciudad, si lo trasladamos al tema de política pública, es exactamente lo mismo. Necesitamos primero saber diagnosticar… entender cuál es la dinámica de la propia ciudad”.

Desde que era estudiante acudía al Colegio Ingenieros, interesada en la técnica hidráulica, pero hubo quienes “me corrían, me decían: ‘¿A qué vienes?’. Dos preguntas hacían todo el tiempo: ‘¿secretaria de quién eres o esposa de quién eres?’… La participación de las mujeres casi siempre estaba limitada al Comité de Damas, que eran las esposas de los ingenieros”.

El tradicionalismo de la urbe tapatía era evidente, eran poquitas las mujeres que abrieron camino. Nadie se imaginaba que esa jovencita curiosa, sería la primera mujer en ocupar la presidencia del Colegio de Ingenieros de Jalisco.

“La participación de las mujeres era muy muy poquita, éramos alrededor del 3.4% de mujeres”.

Ella recuerda con cariño al ingeniero Juan Armando Duarte Alonso, experto en temas hídricos que trabajó en Obras Públicas de Guadalajara y el SIAPA. Él vio en aquella jovencita un interés genuino por aprender, fue generoso al compartir su conocimiento.

“Conocía perfectamente el sistema y siempre cuando me tocaba verlo me traía algún libro o si encontraba algún texto me lo daba y siempre me decía: ‘Yo sé que tú sí lo vas a apreciar’. De verdad, apreciaba no solo el hecho de que me diera el libro, apreciaba a la persona que me lo daba, pero sobre todo con el interés con el que me lo daba”.

Así, en un gremio machista, la ingeniera fue adquiriendo conocimientos y apuntalando evolución para recibir a más mujeres.

“Estoy muy orgullosa también del trabajo que hacen mis compañeras, por ejemplo, la ingeniera Reina Sandoval es gran referente a nivel nacional en la parte normativa, todo el tema de control de calidad, los temas de laboratorios. Es una de las mujeres más preparadas en todos los temas de geotecnia”.

Bajo el liderazgo de Mirna Aideé Avilé Mis se van construyendo puentes y abriendo compuertas para el ingreso de más ingenieras: “actualmente somos el 7.8%. Digo, para mí eso es un paso enorme, pero seguimos siendo muy pocas… ya anda rondando entre el 19 y 20% de participación de las mujeres en ingeniería civil. Sigue siendo bajo, pero es un gran avance, que aún no vemos reflejado en el gremio”.

La ingeniera es reconocida no sólo en el país, forma parte de la International Water Resources Association, la International Association for HydroEnvironment Engineering and Research, entre otras. Especialmente se siente orgullosa de que al Colegio de Ingenieros de Jalisco, bajo su gestión, se le haya permitido formar parte de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Agua (2026), certificación que sólo se reserva para gobiernos y grandes organizaciones que destacan con trabajos relevantes relacionados al agua y el desarrollo sostenible.

“La acreditación para el Colegio de Ingenieros Civiles es un reconocimiento a todas las acciones que hemos venido planteando y e impulsando, que tienen un impacto más allá de lo local… Es importante que nos detengamos en este momento a definir cuál va a ser la lógica y cuál va a ser la ruta en los temas hídricos en los próximos años”.

Es vital que los proyectos y políticas hídricas a largo plazo prioricen el derecho humano al agua y el desarrollo sustentable, sin depender del color de gobierno en el Poder.

Mirna sólo desea ser recordada como la mujer que construyó el puente generacional, “que más mujeres puedan sumarse al Colegio de Ingenieros Civiles, que sepan que es un lugar en donde pueden desarrollar todas sus habilidades y obtener herramientas que les permitan ser más competitivas en su vida profesional… Me gustaría que me recordaran como la persona que a mí me hubiera gustado tener al lado cuando yo salí de la escuela. O sea, alguien que me guiara, alguien que me diera la oportunidad de aportar”.

Texto: Adriana Luna / Foto: Especial

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