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Momias de Zapopan: dignidad humana más allá de la muerte

Las momias zapopanas se exhiben para contar sus historias y mantener su dignidad como personas incluso más allá de la muerte. Esa trascendencia tiene un mensaje a las nuevas generaciones.

Las momias zapopanas se exhiben para contar sus historias y mantener su dignidad como personas incluso más allá de la muerte. Esa trascendencia tiene un mensaje a las nuevas generaciones.

La mayoría de las personas momificadas, según los registros, murieron por problemas respiratorios, lo que nos enseña a no descuidar la salud, acudir al médico ante cualquier síntoma de enfermedad, incluso «nunca dar por sencilla una gripita», nos cuenta Tony, mientras nos revela las historias que hay detrás de cada una de las momias.

Gustavo Sabdiel nació en abril de 1997. Sus padres Laura Verónica y César Omar estaban felices de la llegada de su pequeño que pesó 3 kilos y midió 55 centímetros. Sin embargo, el bebé enfermó de neumonía y murió cuatro meses después. La familia no contaba con muchos recursos económicos y decidió sepultarlo en una gaveta.

Cuál fue su sorpresa cuando décadas después se enteran que el cuerpo se había momificado de forma natural. Decidieron que la historia de su pequeño deberían conocerla miles de zapopanos más y donaron el cuerpo para que la gente lo conozca. Toda su familia sigue visitándolo. Hoy Gustavo tendría 30 años de edad.

María de Jesús nació en 1908, fue testigo de la Revolución Mexicana y la Cristiada. Ella murió en 1986. Era una mujer zapopana muy devota a la virgen. Ella se dedicaba al hogar, su vida fue difícil. Ella quedó viuda. Un día sintió un dolor muy fuerte en el estómago, fue atendida de emergencia, pero finalmente murió. Sufrió enterocolitis.

Es el retrato de una época. Ella nos sigue contando su historia con el Rosario y un cruz de plata que sostiene con sus manos, un chal, una pañoleta, nos traslada en el tiempo, a principios del siglo XX. Nos revela cómo vivía una mujer en aquel México de la era revolucionaria.

El alcalde Juan José Frangie Saade invita a la ciudadanía a conmemorar en familia este Día de Muertos, contando la historia de sus seres queridos que vivieron en Zapopan, lo pueden hacer a través de los altares comunitarios, llevando una cartita para saber cuál era su profesión, acompañada de una fotografía y lo que más le gustaba.

Frangie recuerda cuando vivía en la colonia Seattle, cuando trabajaba vendiendo dulces en una plaza comercial, siempre pensó que el mejor homenaje para los seres queridos que han muerto es tenerlos presentes y disfrutar del municipio que ellos trabajaron antes que nosotros:

«Antes no había eventos, era venir (al panteón), visitar a tu ser querido, dejar unas flores y retirarse. Hoy se convierte realmente una parte importante hacer todas estas actividades (para recordarlos)».

Trato digno

Cada uno de los cuerpos que están exhibidos en el Panteón de Atemajac del Valle recibe mantenimiento para que esté presentable y mantener su dignidad humana incluso después de morir.

Las momias zapopanas son un recordatorio de la fragilidad de la vida. Las familias pueden llegar a conocerlos, lejos del miedo o el misterio morboso, nos cuentan su historia y nos enseñan a contemplarlos desde la vulnerabilidad como humanos, se convierten en el eco de quienes caminaron por las mismas calles antes que nosotros.

Las momias también se jubilan, su etapa post-mortem a la vista de los visitantes es temporal. Debido a que la momificación es natural, sin químicos, las autoridades les dan mantenimiento pero cuando comienzan a descomponerse por el paso natural del tiempo, se prioriza la dignidad de su existencia. Por ejemplo, los restos de María de Jesús, aguardan sus últimos meses:

«Entonces estamos a muy buen tiempo que este 2 de noviembre sea el último que pasa con nosotros y a partir de enero pasa a una segunda etapa que es la jubilación dentro del cementerio, la vamos a pasar al cementerio de Altagracia a cremar y que siga estando con nosotros para siempre», nos explica el director de Panteones municipales, Moisés Magaña.

Texto y Fotos: Adriana Luna

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