Foto portada: Adriana Luna
La familia Zamora Jiménez conoce los secretos del procedimiento ancestral de la pólvora. Desde hace más de cien años se dedican a la pirotecnia. En estas fiestas patrias son los protagonistas de la historia.
«Aquí en Guadalajara, por parte de mi mamá Ana María Jiménez somos la sexta generación de trabajadores de pirotecnia y por parte de mi papá Miguel Zamora somos la tercera generación. Son de los primeros pirotécnicos que hubo aquí en aquí en Jalisco. El que comenzó con la tradición en la familia, se llamaba Juan, Juan Jiménez de siempre radicaron en el área de Zapopan, Mezquital, por esa área», nos explica Miguel Zamora, hijo.
Han crecido manejando la pólvora de forma tradicional, saben cómo resguardarla, los riesgos que hay si se moja o si hay una errada manipulación. Cuentan con todos los permisos de las autoridades federales desde el tiempo de la Revolución. Enfrentan como sector las recientes limitación a la actividad y al uso de productos elaborados con pólvora, especialmente los productos traídos desde el continente asiático.

Han visto como se intenta eliminar la tradición ‘de los cuetes’, ‘los toritos’ y los ‘juegos artificiales’, especialmente en fiestas patronales y otros festejos privados por el riesgo que significa el incorrecto manejo del material explosivo. Ellos lo saben bien, un error puede significar la vida, lo han visto desde los tatarabuelos y los abuelos, «si viviera mi abuelo, tuviera como 100 años y también desde toda la vida se dedicaron a la pólvora. También hubo muchos accidentes dentro de la familia, muchas pérdidas, unos tíos, primos. El último incidente que tuvimos en la familia fue hace más de más de 15 años. Somos muy poquitos pirotécnicos, sí nos conocemos todos. Todos somos compañeros, amigos y pues sí nos afecta mucho cuando hay accidentes».
Miguel Zamora, patriarca de la familia recuerda cuándo se enamoró de la profesión, los hilos de la historia le llevan a la familia: «A mí me gustó desde que empecé con mi papá y ya después dejé. Mis hijos volvieron a la actividad y me volví yo con ellos y me gusta, me apasiona. Es bonito desde que los empieza uno a fabricar. Es emocionante».
Al enseñar generación a generación los secretos de esta labor es como tejer la historia: «Es mucho recordar, mucha nostalgia de recordar de cuando se sentaban en el patio, cuando nos sentábamos todos los hermanos ahí a trabajar. Nosotros somos una familia de nueve hermanos, ya ahorita somos ocho y todos nos dedicamos a lo mismo, mi junto con mi papá, porque mi papá Juan Macías Rosales todavía vive y él también todavía trabaja».
Ahora en las Fiestas Patrias y otras festividades se están cambiando los juegos artificiales por las luces led y los drones, pero ellos aseguran que no es lo mismo, sin embargo, saben que tienen que transformarse o morir en el intento.
«Nosotros trabajamos artesanalmente la pólvora. ¿Cómo han cambiado? Ingresó la tecnología al circuito pirotécnico con muy buenos resultados. Los piromusicales. Yo desconozco de eso por mi edad, pero los jóvenes vienen con mucho empuje: los piromusicales, los drones. Pero eso es mucho muy caro. Los drones, un evento de dron te sale como 800,000 pesos y un piro musical te sale alrededor de 20,000 pesos al minuto y un castillo te salen 7000 pesos para todas las capillas», detalla don Miguel.
Otra de las familias con tradición pirotécnica es la de Bertalicia Macías, ella es la tercera generación y sus hijos ya forman la cuarta. Una parte de sus seres queridos viven en Tonalá y otros en Coyula. Ella recuerda cuando junto con su madre, su abuela y las mujeres en la familia se sentaban en el patio para trabajar la pirotecnia.
«Antes había era un ramo de puro hombre, pero ahorita ya somos muchas las mujeres que participamos en la pirotecnia. Es muy bonito, desde empezarlos a fabricar. Ver tu trabajo ya terminado cuando prenden el castillo, todo es muy bonito. Es hermosísimo ver el trabajo ya terminado. Seguir las tradiciones de nuestros antepasados, quienes nos enseñaron este ramo», nos dice con una sonrisa en su rostro, mientras acaricia sus recuerdos.
Así el latido de algunas familias jaliscienses se vincula con la pólvora, para iluminar por más de un siglo el cielo no sólo de Jalisco sino de distintas partes del país. Para ellos no se trata solo de un oficio sino de una herencia viva que se lleva en la sangre desde hace más de cien años. Para quienes hoy moldean el fuego en el área metropolitana de Guadalajara pertenecen a linajes de la pirotecnia desde la artesanal hasta los drones. Mientras ellos iluminan el cielo, multitudes permanecen expectantes viendo su arte pintar de fuego las patrióticas noches de la Independencia Mexicana.
Texto: Adriana Luna / Fotos: Cortesía familia Zamora Jiménez