Socorro toda su vida la dedicó a estimular en lo niños el deseo de adquirir conocimiento. Ahora durante su retiro, ella misma se rehúsa a dejar de aprender. En la Vía Recreactiva de Zapopan -respaldada por la autoridad municipal- encontró el trazo de la reinvención.
El derecho a la educación está vigente en todas las etapas de la vida. El ser humano tiene garantizado el desarrollo de la personalidad. La participación en la vida cultural, no caduca con la jubilación. En un mundo que suele invisibilizar a las personas mayores, relegándolas a la pasividad, la historia de Socorro, cariñosamente conocida como «Mamá Coco», se erige como un testimonio luminoso de que la búsqueda de sentido y el deseo de aprender son inagotables.
Esta es la crónica de una maestra de preescolar retirada que, tras cumplir con sus años de servicio laboral y de cuidados familiares, decidió tomar un lápiz de grafito para rediseñar su propio destino.
Del aula infantil al lienzo en blanco
Durante décadas, las manos de Socorro dieron forma a la imaginación de cientos de niños y niñas. Como educadora de preescolar, sus primeros acercamientos al dibujo fueron los «frisos» escolares y simpáticas caricaturas que realizaba para ilustrar sus clases:
«Ahí es donde empecé a hacer monitos», recuerda con nostalgia, reconociendo que la semilla del arte siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para florecer.
La jubilación llegó, pero con ella también llegaron otras responsabilidades humanas de profundo amor y cuidado: Socorro dedicó tres a cuatro años de su vida a atender a su madre. Tras la partida de su progenitora, el nido quedó vacío y el tiempo libre se convirtió en un desafío existencial. Fue en ese momento de transición y duelo cuando el arte dejó de ser un pasatiempo de aula para convertirse en un proyecto de vida de tiempo completo.

La valentía de empezar de «cero»
Aprender en la vejez requiere de una inmensa valentía intelectual y emocional. Implica aceptar la vulnerabilidad de la hoja en blanco y la posibilidad del error. Para «Mamá Coco», esto significó integrarse al taller de dibujo del profesor Bolívar Rodríguez – en el que se recupera un espacio público en el Parque de Tabachines y que es respaldado por las autoridades municipales de Zapopan-, ella se muestra decidida a empezar «de ceros» para pulir su técnica. Pasar de la pintura al óleo —disciplina que ya dominaba y con la cual ha expuesto en espacios como Chapala, Tlaquepaque y la Casa del Jubilado de la Sección 47 del SNTE— al dibujo con técnica seca (grafito y lápices de colores) supuso un reto de enorme humildad.
us primeros ejercicios de sombreado en abril y mayo mostraban trazos tímidos. Había gotas de agua accidentales en el papel y constantes borrones. Sin embargo, en lugar de frustrarse, Socorro abrazó el proceso educativo con la misma paciencia con la que enseñaba a sus pequeños alumnos: «Estas son unas gotas que cuando vamos aprendiendo, pues hay que estar borrando. Nos equivocamos».
Hoy, al contrastar esos primeros trazos con sus detallados bodegones llenos de volumen, luz y sombra, su evolución es innegable. Ha ganado una confianza que se refleja en cada línea.
El arte como terapia y derecho
El testimonio de Socorro es un fuerte llamado de atención contra el aislamiento y el sedentarismo al que la sociedad muchas veces empuja a los adultos mayores. Para ella, el dibujo no es solo una técnica, sino un refugio terapéutico: «A mí me sirve bastante, me relaja mucho. Me la paso pintando, dibujando… pongo mi música y ahí me la paso horas».
Desde un enfoque de derechos humanos, la salud mental y la recreación son vitales en la vejez. «Mamá Coco» es una firme defensora de la ocupación digna del tiempo libre y critica la resignación de pasar los domingos «en pantuflas, viendo tele y comiendo frituras». Por ello, celebra y exige la multiplicación de políticas públicas y espacios comunitarios de aprendizaje: «Me parece que es una actividad magnífica… pienso que debería de haber estos espacios en más lugares».
La historia de Socorro nos recuerda que la vejez puede ser una etapa de tremenda productividad, creatividad y autonomía. Hoy en día, activa y conectada con su comunidad, «Mamá Coco» sigue produciendo obras al óleo sobre pedido, demostrando que la jubilación laboral no es el fin de la vida activa, sino el comienzo de la libertad artística. Su mensaje para el mundo es tan nítido como uno de sus trazos de grafito: «Nunca es tarde para aprender». Su vida es la prueba viviente de que, mientras exista el deseo de tomar un lápiz, siempre habrá una nueva ilusión esperando a ser dibujada.
Texto y Fotos: Nancy Luna