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En esgrima, la batalla no es por los puntos

Frania Valeria Tejeda tenía 9 años cuando junto con su hermana practicaban gimnasia, nunca se imaginó que las medallas doradas caerían por esgrima. Su principal batalla está en la mente, no en los puntos.

Frania Valeria Tejeda tenía 9 años cuando junto con su hermana practicaban gimnasia, nunca se imaginó que las medallas doradas caerían por esgrima. Su principal batalla está en la mente, no en los puntos.

Como muchas niñas, a Frania le encantaban su leotardo, sus mallas y sus zapatillas de gimnasia. Al terminar su práctica, junto con su hermana esperaban a su mamá a que saliera del gimnasio, pero al lado había una sala de esgrima. Cuando menos lo imaginaron sus ojos estaban atrapados en los movimientos de los combatientes. Al paso del tiempo, cambiaron la gimnasia por el esgrima.

“Empezamos a ver y ahí fue como nos llamó la atención esgrima. Un día decidimos intentarlo, y nos metimos. Nos quedamos en el deporte. Ha sido como una montaña rusa, ha habido muchos éxitos, fracasos también”, reconoce.

A veces, el mayor rival de un atleta de alto rendimiento no se encuentra al otro lado de la pista, sino en el espejo, la competencia consigo misma para vencer al miedo, lo tiene muy claro la esgrimista mexicana con 17 años de trayectoria en el deporte de las espadas y las caretas.

Frania aprendió que la fortaleza de una atleta se alimenta en el interior, lo supo cuando en los momentos más difíciles como persona sintió el vacío de no sentirse suficiente, cuando los nubarrones del fracaso parecieran estacionarse. Incluso soltó la espada temporalmente, fueron dos años en los que combatió consigo misma. Para Frania, desprenderse de su identidad deportiva fue un proceso sumamente retador, pero necesario para reconstruirse.

“Haberme salido (del esgrima) y regresar, eso es lo como lo más difícil porque en algún momento no me sentí suficiente. Fue como darme cuenta de que soy muy fuerte, siempre hacer lo que amas, no dejar que el miedo tampoco se apodere de ti para que hagas lo que amas. Aprendí que soy una persona muy valiente, que soy muy resiliente y que todavía tengo mucho”, reflexiona.

Durante casi dos décadas, Frania acumuló un palmarés admirable: campeona infantil panamericana y centroamericana, doble monarca en la Olimpiada Nacional y seleccionada nacional en múltiples mundiales. Rozó la gloria juvenil al quedarse a solo uno o dos puntos de clasificar a los Juegos Olímpicos de la Juventud de Nanjing, representó con orgullo a México en competencias de élite, logrando un histórico lugar 28 en la Universidad Mundial entre cientos de competidores.

Recientemente, en los Juegos Centroamericanos de Santo Domingo consiguió la medalla dorada, ahí comprendió la importancia de no dejarse vencer.

“Yo les veía ganar en individual y decía: ‘wow, yo quisiera algún día o quisiera haber sido medallista’. Y si me hubiera rendido, si me hubiera salido ya, probablemente nunca lo hubiera logrado. Ahora sí, volver, ser resiliente. A mí esa palabra la tengo bien presente en mi vida por todas las situaciones que he vivido”.

Hoy sigue entrenando en el COMUDE Zapopan y recomienda a los jóvenes atletas de alto rendimiento que piensan en abandonar la espada: “ser disciplinados y que nunca dejen de hacer lo que quieran. Aunque las demás personas les digan que no pueden, solo tú te pones tus límites. Entonces, yo les diría que lo que hagan sea con todo el amor del mundo”.

Texto: Adriana Luna / Fotos: Especial

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