Los jovencitos en la escuela tenían un buzón para colocar preguntas que querían hacer, pero que por alguna razón no se atrevían a pronunciar. Estos cuestionamientos fueron respondidos por especialistas en salud mental y dio como resultado el libro: Está bien, no estar bien.
Una mezcla de pensamientos juveniles, la experiencia y visión de profesionales en salud mental, artistas del dibujo y diez escritores de autoficción hicieron digeribles esas preguntas existenciales de jovencitos que enfrentaron una pandemia y que ahora muchos sienten su mente echa un caos.
“Es un proyecto muy altruista, un interés genuino por la gente que tiene un trastorno, una dificultad, una situación que requiera acompañamiento para lograr salud mental”, dice Alejandro Paniagua, uno de los escritores.
Él tuvo que revivir momentos de su pasado para mostrar empatía con los estudiantes de la generación actual. Recordó cuando en su adolescencia tomaba ansiolíticos para poder conciliar el sueño y descansar porque padece diversos trastornos emocionales, pero sus padres no tenían dinero para comprárselos:
“Depresivo, ansioso, tengo germofobia y fobia social, obsesivo compulsivo, sí tengo trastornos bien identificados y precisos. Necesito ciertos medicamentos. Cuento la historia de cuando mis padres no me compraban la medicina, sólo preguntaban cuánto costaban y los dejaban. Un día estaba tan desesperado que agarré la caja y un par de pastillas (echándolo a la boca) y se hizo un desmadre, nos corrieron de la farmacia, pero yo salí contento con el medicamento. Aunque sí fue difícil contarlo, pero está bien saber de dónde vienes y ahora soy disciplinado frente al medicamento”.
Entre risas, Alejandro apunta que aprendes a vivir con ciertos problemas de salud: “Ojetes, cuando eres estreñido y deprimido. Si estás enfermo de la panza, te dicen: ‘pobrecito, te recomiendo tal cosa’. Pero si dices: ‘estoy triste, estoy ansioso’, entonces la respuesta es: ‘mejor, ponte a trabajar’, ‘échale ganas’. Cuando realmente es un trastorno biológico o químico que no puedes controlar. El deprimido no está así porque quiere, no manchen”.
Ilallalí Hernández, narradora y editora independiente, reconoce que hace unos años los padres no estaban preparados o no tenían la información necesaria para identificar los problemas que enfrentaron sus hijos. Sin embargo, hoy esas diferencias también enriquecieron la narrativa volviéndola hasta divertida para que tanto los padres como los hijos tengan diagnósticos, tratamientos oportunos y acompañamiento profesional en salud mental.
“Cada quién justo se atrevió, nos atrevimos a abrir, abrazar esas heridas (emocionales) de alguna manera. Muchísimas veces los diagnósticos tardan mucho tiempo. Hay un texto que habla del insomnio cuando era niña que no fue atendido, era curioso que la niña amaneciera en la sala, cuando en realidad era un insomnio severo… Justo un momento de quiebre, un momento que pudiera ser importante compartir y mostrar que sí hay herramientas que te permiten avanzar. Hicimos un viaje al pasado, al yo del pasado”.
El proyecto fue único tan sólo al “unir tantas voluntades, tantos momentos y tantas personas dedicadas a distintas profesiones: artistas, escritores, especialistas, pintores, chavos. Evidentemente, estaría padrísimo que saliera el Tomo 2 y que estuviéramos los mismos. Es un buen momento para que todos reflexionemos. Ojalá vaya a muchas escuelas, se abran las preguntas y se puedan gestionar mejor (las emociones)”.
Texto y Foto: Adriana Luna

















