Ignacio Guerrero cumple 30 años como pintor y escultor. En su niñez y adolescencia era tímido, introvertido, hoy expresa todos sus sentimientos, emociones e ideas en un lienzo y en una escultura.
Nació en Guadalajara en 1963, y desde que era niño estaba convencido que el camino que transitaría era el del arte, porque encontraba en una hoja de papel, los trazos que expresaban su sentir porque en palabras encontraba dificultad. Era introvertido. Sin embargo, los caballos, los peces, los castillos, las sirenas invadían sus pensamientos.
Cuando comenzó a pintar se dio cuenta que era una necesidad básica, como respirar o tomar agua. Entre sonrisas explica que su cerebro se lo imagina como un crisol repleto de materiales diversos con hambre de creación:
“Siempre está, mi cerebro, me lo imagino como un crisol en donde se están formando muchas cosas, luego agrego otra y saca algo diferente. Son ideas que se me vienen a la mente, leyendo el libro, viendo una imagen en la calle se mezcla con ideas que ya traigo, entonces voy en la calle y mi cerebro está trabajando ideas. Llego a casa y las plasmo en bocetos pequeños. Para un artista es así, en mi caso siempre voy pensando ideas”.
Ignacio Guerrero está cumpliendo tres décadas de trayectoria profesional y sus obras artísticas son parte del patrimonio nacional y lo confirman como uno de los mayores exponentes del surrealismo mexicano. En importantes museos y galerías tanto en territorio mexicano como extranjero se exhiben sus obras.
Sus muestras pictóricas y escultóricas son ovacionadas por críticos del arte como por la gente en general, sin importar edad. Le interesa mucho que los niños se interesen las artes. Para el artista no importa el lugar, a veces se sorprende a sí mismo dibujando en un papel, en la arena de la playa, en una piedra bajo los enormes árboles de un bosque:
“No es raro, más bien inusual, en la playa en la arena haciendo bocetos, junto a unas piedras. Se sale de lo cotidiano en los lugares donde boceto: en cafés, en mi estudio, en casa. También he estado en el bosque, en Tapalpa, en el pasto, entre los árboles haciendo bocetos”, añade.
Su obra es colorida. La forma en la que juega con las formas, con el diseño y las texturas logra crear en la mente del público, sean pequeños o grandes, historias maravillosas. Despierta la imaginación de quienes observan sus cuadros y esculturas. Especialmente deja en sus corazones: alegría y esperanza.
Texto: Adriana Luna
Fotos: Adriana Luna y Especial

















