María Elena renació a la tercera edad, tras la muerte de uno de sus hijos decidió dejar Michoacán y comenzar en Jalisco una nueva vida. Se convirtió en embajadora de los adultos mayores y se reencontró consigo misma.
María Elena Gutiérrez, oriunda de Ciudad de México, se graduó como Cirujano Dentista por la UNAM, hace 50 años. Se casó cuando tenía 27 años de edad y renunció a todo para dedicarse a su familia, tuvo dos hijos. Se divorció hace casi dos décadas. Uno de sus hijos que padecía apnea del sueño, falleció, lo que para ella significó un cambio total de vida.
“Yo promulgo mucho cuidar la salud. Lo natural es que los hijos nos entierren a nosotros, pero el destino así es. Yo lo que les puedo decir es aceptar lo que viene. Me sirvieron mucho mis estudios de Tanatología, apliqué lo que sabía, pero sí necesité ayuda. Hay que solicitar ayuda cuando necesitas, para llegar a la aceptación. Me agarré mucho de Dios porque pasé mi duelo sola. Salí adelante y entendiendo que no podemos ir en contra de la marea. Hay que aceptar lo que pasa”, nos explica.
Su único hijo vive en Guadalajara, es abogado. Así que Elena a los 69 años de edad, decidió cambiar su lugar de residencia para poder disfrutar a su hijo y a sus dos nietas. Sabe también que depende de ella tomar grandes decisiones, la principal es cuidarse para estar bien.
“Yo soy feliz, disfruto día a día. Para mí cada día es de fiesta y le doy gracias a Dios que estoy aquí. Es un regalo divino llegar a envejecer. Lo mejor que puedo hacer es disfrutar cada día. Procuro alimentarme bien porque quiero tener una vejez sana, no quiero ser una viejita tipo carga para los hijos. Quiero seguir disfrutando la vida. Sigo estudiando, sigo en actividad. Creo que la mente siempre debe estar ocupada, siempre pensar en la salud que es lo principal”, añade.
No siempre estuvo así de optimista, cuando llegó a Jalisco se deprimió porque había dejado a sus amigos y no sabía qué futuro le esperaba.
“Yo llegué aquí hecha pedazos, hace 3 años. Duré 16 años en Morelia, Michoacán. Durante nueve años di clases en la universidad: Fisiopatología, Anatomía, Microbiología. Cuando llegó la pandemia y todo se cerró, mi hijo estaba preocupado por mí, yo quería ver crecer a mis nietas y me arriesgué, dejé casa, trabajo, amigos y me vine. Me ha costado trabajo salir adelante, pero todo se da, cuando estás decidida y trabajas en ello, sale”.
Elena se acercó al Centro Metropolitano del Adulto Mayor con sede en el municipio de Zapopan, comenzó a tener diversas actividades y a conocer a nuevas personas que se volvieron primero amigos y después parte de su familia. Alguien le dijo que se anotara para ser embajadora de los adultos mayores, ella sin pensarlo dos veces se inscribió y ganó.
“Aquí he encontrado cosas maravillosas. La gente se acerca a mí, me platica su vida, yo aprendo de ellos. Cuando salí de embajadora, volví a renacer. Había dejado mi trabajo, mi casa, todo. Empiezo a convivir y a salir adelante otra vez, encontrar de nuevo a esa María Elena que había perdido. Aquí he tenido muy buenas experiencias, este lugar es sagrado. Yo he visto a gente que viene muy enferma, con infartos cerebrales que apenas pueden hablar o a veces no hablan, y renacen aquí. Vuelven a tener vida. Todos los que llegan aquí, la verdad, este lugar es sagrado. Para mí, es mi segunda casa”.
Apoyar a otros adultos mayores con su conocimiento y experiencia le ha retribuido inmensas satisfacciones y cariño.
“Los escucho. Yo les agradezco que me bendicen, me abrazan, ¡nada más puedo pedir, aquí me dieron todo! Todos nos conocemos, nos ayudamos. Si alguien llega triste, nos platica lo que le pasa, lo escuchamos, aconsejamos y lo mandamos a casa fortalecido”, dice sonriendo.
En Zapopan, 11% de la población es adulto mayor Se estima que para 2030 este grupo aumentará a 254 mil personas, más del 70% de incremento respecto al 2018.
Texto: Adriana Luna
Fotos: Adriana Luna y Especial












































