“Si no vas a estudiar, te me vas a trabajar”, le dijo su mamá cuando lo castigó por andar de travieso y distraído en la escuela. Sin imaginarse que años después, Víctor sería industrial tequilero.
Víctor Camacho recuerda que era curioso e hiperactivo desde su infancia. Muy amiguero. Tenía tan sólo 12 años de edad, cuando su mamá lo mandó castigado a trabajar, porque en su casa si alguien no quería estudiar y traer una boleta con buenas calificaciones se tenía que ir a trabajar, a ser productivo. Así que el chamaco agarró camino, y, sin pensarlo, ni esperarlo, se encontró con su pasión.
Primero comenzó a limpiar de maleza una plantación agavera, después se volvió jornalero. Pero como no le convencía mucho pasar todo el día bajo los rayos del sol con agotadoras jornadas, pensó en contratar a sus amigos. Así que mientras él se encargaba de los contratos y de revisar que sus ‘colaboradores’ hicieran el trabajo con calidad, porque al final, era él quien daba la cara con los patrones.
Víctor tenía una visión del negocio única. Se percató que la industria del tequila crecía y las empresas no se daban abasto con personal propio para satisfacer la demanda de la bebida en el mundo, así que aprovechó un nicho de oportunidad, se convirtió en un eslabón inexistente en la cadena.
“Empecé a consolidar cuadrillas de tractoristas, jimadores, plantadores, arrancadores de plantas. ¡Trabajar todo el ciclo, desde el campo al tecnológico!”, explica.
Pero eso sí, al mismo tiempo se fijaba bien cómo los campesinos expertos, los agaveros, aplicaban los secretos de la profesión: “Me enseñaron mis ancestros, a trabajar el proceso antiguo, muy tradicional… a respetar la tierra”. Aprendió tan bien durante décadas, que aunque en la cadena agave-tequila no existe concretamente la profesión de ‘maestro agavero’, por sus conocimientos del campo, del agave y del proceso de la agroindustria del tequila, la gente comenzó a llamarlo así.
Ahora, con orgullo sostiene: “Soy maestro agavero, Víctor Camacho, con un tequila de autor. Me considero un buen agavero. Un buen maestro que comparte sus conocimientos a la juventud. Soy agricultor con experiencia de 25 años en el campo, prestador de servicios, productor de agave tequila”.
Soñador y con hambre de crecer, en 2018, se le arraigó en su corazón la idea de convertirse en empresario tequilero. Abrazo su anhelo, mientras trabajaba para lograrlo, venciendo una adversidad tras otra. Fue hasta el año 2020 que registró su primer tequila: Gran Pasión.
En una segunda entrega, Víctor Camacho nos habla de las características de su tequila que le hacen sentir orgullo cuando se sienta con amigos, consumidores y empresarios y pone sobre la mesa la botella que nació de su gran pasión.
Texto: Adriana Luna
Fotos: Especial

















