¿Notas que tu bebé tiene la cabeza aplanada?
¿Te has preguntado por qué no te queda el casco de protección?
Cabecitas perfectas
Modificar el cráneo de los niños en edades tempranas por símbolo de poder en algunas culturas o simplemente por estética en otras, ha sido una costumbre presente en la humanidad por miles de años. En la cultura prehispánica se moldeaban cráneos de niños por rango social, poder o divinidad.
En el año 2009 arqueólogos que trabajaban en tumbas antiguas en la Patagonia, extremo sur de Chile y Argentina encontraron 60 cráneos de personas adultas, según los análisis. Les sorprendió que 30%, es decir 18 de ellos, habían sido transformados. ¿Cómo era posible? ¡Modificar el cráneo es una ardua labor, se requieren técnicas especiales y se tiene un breve tiempo en la infancia temprana para lograrlo! Además, hay que dar la forma correcta a huesos blandos con extremo cuidado, sin ser sometidos a fuerza que cause daños irremediables al cerebro.
Se conocían algunos métodos como vendar la cabeza con fuerza por períodos prolongados en los cráneos infantiles, algo sumamente peligroso, en muchos casos los pequeños morían. Sin embargo, aquí los investigadores encontraron que para formar cráneos planos (braquicefalia) había cunas hechas de madera dura. Al parecer la cabeza del bebé se presionaba
tanto por la frente como por la parte posterior, amarraban a los niños a la cuna. Durante la investigación se concordó que grupos nómadas comenzaron a transformar cráneos, aplanarlos, como una marca de identidad, no se trataba de distinción social o poder, sino que les permitía mostrar cierta confianza para movilizarse entre la gente de la región y extender sus territorios. Tener cabeza plana era símbolo permanente de solidaridad grupal para acceder a recursos, especialmente alimenticios.
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Hoy se sabe que las asimetrías craneales pueden crearse incluso desde el vientre materno, especialmente si se trata de embarazos múltiples. En general, las rutinas en cada cita médica con el pediatra implican la medición de talla, el peso y el perímetro cefálico. A los dos años de edad, la cabeza ha crecido 90% del tamaño que se tendrá como adulto. La causa es simple, el cerebro crece rápidamente y empuja hacia afuera los huesos craneales para aumentar el volumen. Poco tiempo después las suturas craneales y fontanelas se van cerrando.
Hoy los niños pasan muchas horas acostados en cunas y carriolas o sentados en portabebés y sillas de seguridad en el coche, por lo que están expuestos a presión prolongada en el mismo lugar de su cabecita. Esto sucede cuando su cerebro está creciendo con rapidez por lo que se ven con frecuencia la plagiocefalia (desalineación diagonal) y la braquicefalia (aplanamiento posterior con aumento del ancho).
En Guadalajara, hoy, el médico Francisco Guerrero utiliza un método de movimiento craneal buscando dar simetría a los cráneos de bebés. Su misión es una, lograr: cabecitas perfectas.
Platicamos con los papás de Franco, ellos nos explicaron que cuando el pequeñito nació se percataron que «tenía el cráneo sumido, nos dimos cuenta que no estaba normal su cabeza. La pediatra nos dijo que se le iba a quitar, que nada más cuidáramos las posturas”.
En décadas pasadas se decía que los niños tenían el cráneo plano porque pasaban mucho tiempo acostados. Sin embargo, la familia no veía cambio alguno aunque los meses pasaran. Al bebé se le comenzó a formar una protuberancia en la frente, sus ojos y oreja cambiaron de posición. Franco era un bebé con abundante cabellera, esto impedía que se notara a simple vista la deformidad que ya era de 27 milímetros. Cabe mencionar que la forma de una frente normal es de 4 milímetros.
En casos severos esta asimetría craneal deforma el rostro de los niños en su segunda infancia.
«Hay un porcentaje de un 15 a 20% de casos que van a requerir algún tipo de intervención para su corrección. En casos graves, la asimetría visual puede llegar a producir: problemas de la oclusión dentaria, problemas de posicionamiento de los dientes, de la articulación que une la mandíbula con el cráneo, problemas de infecciones recurrentes de las vías auditivas o respiratorias. En casos severos se reporta lagrimeo o diáfora”, explicó el doctor Francisco Guerrero.
Los papás de Franco conocieron al especialista y cuando revisó al bebé dio el diagnóstico: plagiocefalia severa y torticolis.
«Nos recomendó que podía usar un casco especial adaptado a su cráneo para corregir el problema y la otra opción era hacer las terapias de movimiento craneal y nos decidimos por la segunda opción”, detallaron.
En el consultorio del doctor Guerrero nos encontramos también a Derek, que enfrentaba asimetría asimetría craneal por torticolis congénita, plagiocefalia y braquicefalia. A unas cuantas semanas de terapia comenzaron a percibirse los cambios: «su carita, su cuello, sus posiciones, podía sentarse ya derechito porque antes tomaba curvita, el girar su cuello. Comenzó a levantar sus brazos, antes no podía, todo lo empezamos a notar aquí”, apuntó Carina, su madre.
Por lo regular el uso de cascos reposicionadores deben hacerse poco antes o a los seis meses de edad y hasta los 18 meses se tiene la oportunidad, funge como un gorro de remodelación amable para el niño. Siempre es indispensable seguir la guía del especialista, se requiere un seguimiento personalizado. Mientras más tarde se diagnostique y se apliquen tratamiento y terapia los resultados serán menores. También se corre el riesgo de que se afecten otros sistemas como el motriz, vista y oído.
En México no se tienen datos oficiales de los cráneos deformes en la población, pero en Estados Unidos unas 4 mil personas adultas son intervenidas quirúrgicamente cada año para remediar este tipo de asimetrías, lo que suele ser además de costoso, riesgoso. En los adultos se ve con mucha frecuencia que se tenga problemas para conseguir cascos de seguridad (necesarios en actividades laborales como por ejemplo: construcción, electricidad, etc.) que se adapten al cráneo. Además los niños con asimetría en su cabeza y en su rostro como orejas, ojos y dientes (mordida cruzada) suelen ser blanco de burlas entre los compañeros de escuela.
“La cabeza, la cara es una cartilla de presentación prácticamente y he tenido casos de niños que ellos deciden quererse operar. En una ocasión a un niño de diez años le dije de broma, te quieres operar, me dijo: sí. Ahí se da uno cuenta de lo qué él está sintiendo. A uno se le hace muy obvio usar sombrero o casco protector, pero en estos casos no los pueden utilizar… no les ajustan porque no están hechos para personas que tienen asimetría craneal de forma severa. Esa es una queja muy recurrente de las personas adultas”, subraya el especialista.

















