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Mariana Etchegaray, sufrió la muerte de su querida hermana y fue hasta al desnudar su alma con la escritura cuando sus heridas comenzaron a sanar con letras. Ella siente cómo esa cicatriz dolorosa comienza a tomar un matiz rosado y después blanca. Es decir, su piel va renovándose, regenerándose.
Con el libro ‘Hasta dónde suene mi voz’ (Editorial Planeta), quiere acompañar a personas en su intimidad, y decirle al oído: ‘no estás sola’. Tu vida no tiene que ser perfecta, no es un cuento de hadas, es sólo saber cómo afrontar las adversidades. Cada persona conoce los demonios con los que lidia.
“Hay libros que invitan a las personas que nunca en su vida han agarrado un libro en sus manos. Yo justamente como escritora y creadora de contenido me gusta fomentar la lectura. Leer te puede ayudar muchísimo y aprender de personajes que no existen. Quiero pensar que mi novela, que los personajes Sofía y Marcus pueden ayudar a varias personas a sentir que no están solas, que no están estancadas, sólo viven su proceso. Vives lo que te toca vivir: positivo y negativo”, nos explica.
Las redes sociales nos muestran sólo vidas perfectas, cuando en realidad ninguna vida lo es. En la juventud es cuando las crisis se sienten más. “Yo también estoy en mis veintes (como los protagonistas de la novela), lo siento. Me gustaría pensar que (las ideas) pueden resonar entre los adolescentes, los veinteañeros y ver con nostalgia como sales adelante. Es un spoiler de la vida, ¡siempre sales adelante!”.
Con la novela, logró hablarle a un amigo, a una amiga de forma cercana, una charla sencilla pero profunda: “Hay muchos libros que son de ayuda cuando sufres una pérdida, pero un poco más espiritual. Yo quería mostrarlo de una forma cercana, una novela juvenil, romántica. Quería platicar de forma cercana (con el lector), como en un café. Al final, la pérdida pasa día a día, seas una persona famosa o normal”.
La novel escritora se siente satisfecha con su primera novela: “Yo estoy muy contenta, siempre me ha gustado escribir, incluso pequeños relatos para mí misma. Escribir fue como una bomba emocional, pero disfruté cada proceso, durante los tres años que tardé escribiendo el libro. Incluso en las partes tristes del libro, lo disfrute. Fui muy feliz”, añade.
Si sientes que tu vida pasó de ser soleada, a un nublado permanente, siempre hay un refugio, un lugar seguro y una de las bellas artes puede ayudarte a sanar tu alma: la música, la pintura, la literatura, la escritura. “El arte ayuda mucho para sanar. Las cicatrices son rosas cuando son recién hechas, esas cicatrices me quedan blancas. El duelo no se supera, sólo aprendes a vivir con la ausencia. Esas cicatrices, con el duelo se me hicieron rositas y ahora se han vuelto blancas”. Al final, sanar no es olvidar, es aprender a vivir.
Texto: Adriana Luna
Foto: Especial

















