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Su amor por animales silvestres, lo convirtió en su protector

Luis Alberto Cayo se divertía en parcelas del municipio de Zapopan, pasaba horas buscando arañas, alacranes, reptiles, etc. Desde muy temprana edad se dio cuenta que su vocación era el cuidado de los animales silvestres. Sólo era cuestión de tiempo para que se graduara como biólogo.

Luis Alberto Cayo se divertía en parcelas del municipio de Zapopan, pasaba horas buscando arañas, alacranes, reptiles, etc. Desde muy temprana edad se dio cuenta que su vocación era el cuidado de los animales silvestres. Sólo era cuestión de tiempo para que se graduara como biólogo.

“Desde chiquito agarraba lombrices, puerquitos, arañas, chapulines, alacranes. Me acuerdo que mi primer regaño fue porque agarré arañas viudas negras en botecitos. Me dijeron que era peligroso. ¡Nunca se me quitó la inquietud de tener animales! Mis papás me compraron una serpiente en el tianguis, yo estaba feliz, pero se me escapaba o se moría. Entendí que quería estudiar biología, en la secundaria me fascinaron los ecosistemas, todo afecta si hay un eslabón que se rompe. Yo me quedo con que mis papás hacían lo imposible por mantenerme feliz. Ahora trabajo en la conservación de especies y tratamos de que la gente no compre animales exóticos en tianguis”, nos comenta.

Posteriormente, Luis Alberto se graduó como Biólogo en la Universidad de Guadalajara. De niño nunca sufrió la mordedura o picadura de un animal ponzoñoso, eso le sucedió como profesional. Ama andar en campo y reconoce que Jalisco es un terreno privilegiado tanto en flora como en fauna.

“Las mordidas llegaron durante mi labor como rescatador de fauna silvestre. Ya es un manejo constante (de especies) y el riesgo es siempre. Vivimos en una zona privilegiada, tenemos muchos cuerpos de agua, cadenas montañosas, esta interacción que tienen los animales con nuestra vida me llama muchísimo la atención. Un pequeño colibrí o un murciélago nos benefician como ser humano, ayudan a la producción de pitayas o el tequila, por ejemplo”.

Luis Alberto Cayo y su equipo en el Centro de Protección de Animales Silvestres del municipio de Tlajomulco de Zúñiga se dan a la tarea de recuperar especies heridas (por otros animales o el hombre) y quemadas durante incendios, aunque cuentan con escaso presupuesto, les cuidan y rehabilitan para regresarles a su entorno natural. Logran que la vida humana, flora y fauna de la región Occidente se mantengan en equilibrio. Hacen incluso la labor que le corresponde a las autoridades de medio ambiente tanto a nivel estatal como federal. Y todo comenzó por su curiosidad infantil, atrapando arañas y lagartijas en parcelas.

Texto Adriana Luna

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