Esperanza con sólo cinco años de edad, recibió como regalo de sus padres: cuadernos, hojas, colores y lápices. Ella se dedicaba a escribir cartas para todo mundo, incluso sus animales de compañía. ¡Contar historias es un arte!
“Yo escribía cartas para todos: a mi mamá, a mis abuelos, a mis gatitos, a mis perros, a los amigos. Me encantaba dejar por escrito lo que sentía por ellos”, nos explica.
La niña devoraba libros y disfrutaba la soledad, pero se emocionaba al observar las expresiones de las personas que leían sus mensajes y se reían con sus dibujos. Así escribía y escribía sobre sus propios sentimientos y experiencias.
“Era una niña muy reflexiva. No sé si era raro para la edad que tenía o si todos los niños somos muy profundos porque estamos descubriendo la vida. Tal vez la diferencia fue que pude ponerlos en papel. Todavía conservo esas cartas. Me doy mucha ternura cuando me leo. Era una niña que por momentos se sentía sola, no suficiente, insegura. También me gustaba mi mundo. La escritura era un refugio para mí. Tenía un escritorio con mis plumas. Me hice un lugar para mí, donde estaba segura y contenta. Esa sensación que me dio la escritura, la conservo”.
Así, sin percatarse, Esperanza había encontrado una amiga leal, que jamás se ha separado de ella.
“Ahí empecé a reconocer en la escritura a una amiga, una compañera para toda la vida. En eso se convierte, la verdad, en una compañera. La escritura se convierte en una amiga increíble. No necesitas mucho, te necesitas a ti y tener dispuesto un cuaderno, la computadora o incluso el teléfono. ¡Ya está! Es una amiga muy fácil de llevar a todos lados”.
Sin embargo, ¿qué pasa cuando quiero escribir, pero no sé por dónde empezar? ¿tengo sólo unos cuantos capítulos de la novela? ¡Pero que indudablemente será un Bestseller!

“Cuando empezamos a preguntarnos es porque ya tenemos qué escribir, hay un disparador, aunque no sepamos cómo llamarlo, ni entendamos bien cómo usar esa motivación, cuando ya nos hacemos la pregunta: ¿por dónde empezar? Es que hay algo que necesitamos escribir. Es el primer paso°.
Esperanza, abrazando la esencia de su nombre y apelando a la generosidad, nos comparte algunos de sus secretos para que la escritura también se vuelva amiga leal suya.
“Hay una manera de entender por dónde se puede ir en los primeros pasos de la escritura. En este Manual de Escritura propongo dos fundamentales, el primero se llama ‘escritura automática’ consiste en ponerte un cronómetro, 3 minutos, pones la alarma y te pones a escribir sin juzgar lo que escribes. Tenemos un archivo en la cabeza, lleno de recuerdos, datos, momentos que es probable que ya no nos sirvan para nada y así como hacemos limpieza del closet, alacena o refrigerador, deberíamos continuamente estar haciendo limpieza de nuestros: pensamientos, ideas y emociones”.
El escritor refresca sus herramientas emocionales para identificar las que todavía le son útiles para escribir y cuáles hay que desechar. Es como quitar las telarañas que llevan ahí décadas en la memoria de largo plazo.
El poeta y crítico francés Charles Baudelaire, en su ensayo “El pintor de la vida moderna” (1863) propuso el concepto flâneur , que significa en español ‘paseante’. Refiriéndose a esa sensibilidad de caminar como una forma de arte, mientras se concentra en observar ociosamente, simplemente por el placer de observar, absorber paisajes y esencias. Se trata de alimentar la creatividad para posteriormente plasmar con letras esos recuerdos de gozo.
“Las historias están en la vida cotidiana, ¡ahí hay historias qué contar!”, añade.
Y qué tal si soy más perfeccionista que Juan Rulfo, quién escribía, escribía, pero no le gustaba lo que plasmaba en el papel y lo destruía argumentando que no contaba con la calidad suficiente. Era muy exigente consigo mismo. ¡Claro, las obras que dejó son patrimonio mundial literario!
La autocensura podría bloquear pensamientos que necesitan ser expresados. Principiantes y escritores consagrados luchan contra ello.
“Esa es una telaraña que cubre y no deja lucir la historia. Hay que escribir siendo conscientes que lo que estamos escribiendo es nuestra vida, no es de nadie más. Tenemos todo el derecho de interpretarla como queremos. Siento que (la autocensura) es el primer obstáculo que se derriba. El segundo, también muy común, no importa cuánto tiempo lleves escribiendo y es el Síndrome del impostor. Es el decir: lo que yo escribo no le va a interesar a nadie”.
El Síndrome del impostor es fácil de eliminar: “escribe para ti. Siempre te va a acompañar un lector imaginario. No pienses en el resultado, disfruta el recorrido. Hay que trabajar con ellas para que no nos estorben”.
Esperanza Bustillo Puente es hoy una escritora profesional y tallerista. Es decir, ahora enseña a otros el arte de la escritura. Anhela que su leal amiga, tenga también un montón de amigos. En la Feria Internacional del Libro presentó su manual ‘Un viaje hacia la creatividad’, son recomendaciones para escribir desde cero y hacer de las letras tus amigas para comunicar con efectividad.
Texto: Adriana Luna / Foto: Especial